La respuesta es sí, aunque con matices. Lo cierto es que el control por parte de los padres del uso que hacen sus hijos ya no de las redes sociales, sino de Internet en general, está incluido dentro del derecho/deber que tienen de cuidar y velar y sus hijos establecido en el artículo 154 del Código Civil, es decir, de la patria potestad.

Sin embargo, el control que ejerzan los padres sobre el uso que hacen sus hijos tanto de las redes sociales como de Internet en general ni puede anular la personalidad del menor, puesto que iría contra la legislación vigente, ni debe hacerlo, ya que si lo hiciera se estaría potenciando una involución del concepto actual de patria potestad, acercándolo de nuevo a la vieja idea que de ésta se tenía como poder absoluto del padre sobre el hijo.

Ello se traduce en que el control ejercido sobre los hijos ha de realizarse siempre en su beneficio, lo cual significa que si los padres tienen pruebas de que el menor está realizando un uso inadecuado de las redes sociales (proporcionando datos de manera indiscriminada a terceros, entablando relaciones con cualquier usuario de Internet…etc.), las medidas de control serán beneficiosas para él. Por otro lado, si el hijo da muestras de madurez suficiente y de realizar un uso adecuado y responsable de Internet, un control demasiado estricto por parte de los padres puede ser perjudicial para su desarrollo personal y, por tanto, ser contrario a la ley.

En virtud de lo dispuesto en el artículo 154 del Código Civil, la adopción de cualquier medida de control en este ámbito exigirá que los padres oigan al hijo para que justifique el uso que ha venido haciendo de las redes sociales, siempre que presente la madurez y juicio suficientes.

Las medidas de control adoptadas han de ser proporcionales y lo recomendable en todo caso es que vayan desapareciendo progresivamente según el menor vaya creciendo y madurando. Que el menor, por ejemplo, profese una ideología política o creencias religiosas diferentes a las de los padres no justificaría un control de éstos sobre sus actividades en Internet, siempre que no sea objetivamente perjudicial para él, pues se estaría vulnerando su intimidad, su libertad ideológica y religiosa, tal y como ha señalado el Tribunal Constitucional en diversas sentencias.

En definitiva, los padres pueden y deben controlar el uso que sus hijos menores de edad hagan de las redes sociales y de Internet en general, pero respetando su intimidad, interés y personalidad, ya que un control excesivo podría generar efectos contrarios a los pretendidos.

 

Imagen cedida por freepik.

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